
La narcoguerra mexicana, ¿La Legitimación de la oligarquía o el comienzo de su destrucción?

Ni perdón Ni olvido... así sea en semana santa

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Una recomendación para estos días de reflexión religiosa

And remember: Dont fuck it up"
-- RuPaul
Es viernes santo. ¿Qué mejor forma de celebrar estas fechas de meditación sobre la muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo que viendo un programa que estimula los valores cristianos?
Rupauls Drag Race, es un reality show donde varios travestis compiten para convertirse en "la siguiente estrella drag de los Estados Unidos". Es presentado por el actor, modelo y cantante RuPaul. Se transmite a través de los canales estadounidense VH1 y el canal LGTB Logo y actualmente se encuentra en su segunda temporada con altos niveles de popularidad.El programa es cómico, tiene una fuerte dosis de conciencia social y cumple un objetivo sin proponérselo: sensibiliza a la comunidad heterosexual, demostrándole que la vida de los travestis es sumamente compleja, rica y apasionada. Pocos hombres y mujeres "bugas" podrían darse a la tarea de someter su personalidad y su cuerpo a una metamorfosis tan radical, convirtiéndose en una admirable expresión artística. Y es que travestirse no es cualquier cosa; no es ponerse un vestido de mujer y ya; se requiere gracia, sentido estilístico, complejas habilidades de confección y maquillaje y una personalidad extrovertida y transgresora.
A lo largo de cada episodio, vemos a los participantes y a RuPaul, antes de subirse al escenario, en su papel de hombres. El presentador brinda consejo y apoyo y los prepara para la competencia final, donde RuPaul y su séquito se convierten en féminas. Apoyado por un panel de expertos, RuPaul evalúa sus talentos sobre una pasarela de modas. Los dos participantes más débiles son obligados a interpretar una canción para evitar ser expulsados del programa.
En el sexto episodio de la segunda temporada, los concursantes deben convertirse en estrellas de rock, ardua tarea porque muchos de ellos carecen de la agresividad para conquistar el escenario y convencer a los jueces Henry Rollins (Rollins Band) y Terri Nun. En el episodio número ocho a cada aspirante se le asigna un envejecido hombre gay al que deben convertir en sus madres drag.
Entre tantos realitys tan insípidos y reciclados como el aburrido My New BFF de Paris Hilton, el frívolo The Hills o el gris Keeping Up With The Kardashians, RuPauls Drag Race refresca el género y rompe tabúes. Estoy seguro que los mexicanos, a pesar de lo machistas y homofóbicos que son, recibirán positivamente este nuevo programa ya que, irónicamente, siempre han sido receptivos a los espectáculos de travestis.
Ver video:
http://www.youtube.com/watch?v=lXMhZKf6inY

En una carta dirigida a los miembros de la organización por la reforma de las drogas Drug Policy Alliance, el exvocalista de The Police manifestó su rechazo a la prohibición de las drogas:
"La guerra contra las drogas ha fallado, pero es peor que eso, está lastimando activamente a nuestra sociedad. Por eso finalizar con la guerra contra las drogas es un asunto de justicia social.
"El crimen violento se alimenta de las sombras a donde se ha remitido el tráfico de drogas. La gente que genuinamente requiere ayuda no la puede recibir y tampoco la gente que necesita la mariguana medicinal para tratar sus terribles padecimientos. Estamos gastando miles de millones, sobrepoblando nuestras prisiones con delincuentes no violentos y sacrificando nuestras libertades.
"Todo mundo sabe que la guerra contra las drogas ha fallado. Ha llegado el momento de salir de nuestra zona de confort y reconocer la verdad y desafiar a nuestros líderes... y a nosotros mismos... para poder cambiar".
Una droga terrible
Enfrentamos una crisis de salud pública fuera de control que amenaza con truncar el futuro de las nuevas generaciones. Se trata de un flagelo que ha privado a familias enteras de sus miembros, ha separado parejas, arruinado amistades y destruido comunidades. Quienes caen en las garras de esta adicción desenfrenada que provoca graves daños a la salud y transforma a quienes pierden el control de sus hábitos en personas estigmatizadas por la sociedad, son mayormente pobres, orillados por los raquíticos ingresos, el encarecimiento de la vida y la falta de oportunidades de desarrollo.
Se estima que este comportamiento compulsivo podría acabar con el ya de por sí quebrado sistema de salud mexicano, por los altos costos asociados al tratamiento de las patologías desatadas por estos productos nocivos para la salud. Según las autoridades, los costos directos ascienden a 42 mil millones de pesos y los indirectos a unos 25 mil millones de pesos por las pérdidas de productividad laboral que acarrean. Cerca del 70% de los adultos y alrededor de 4.5 millones de niños en edades de 5 y 11 años lo padecen. Se estima que la galopante enfermedad, producto del estilo de vida, el consumismo y la pérdida de valores culturales heredados desde los Estados Unidos, cobra cada año la vida de 72 mil mexicanos.
El problema ha alcanzado dimensiones epidémicas y ni siquiera el Ejército o las policías son efectivas para contrarrestar las perversas secuelas fomentadas por los poderosos cárteles sin escrúpulos que invierten millones para atraer a sus víctimas, quienes son seducidas por el vicio barato con la promesa de que se sentirán bien consigo mismos y olvidarán sus problemas. Veinte entidades de la República registran el mayor número de casos, en particular los estados del norte.
Un estudio reciente del Instituto de Investigación Scripps en Florida ha confirmado que el consumo de los productos que se venden legalmente en todo el país generan efectos sobre el cerebro similares a los que ejercen la cocaína y la heroína. Según los investigadores, las ratas que los consumieron en grandes volúmenes comenzaron a tener comportamientos compulsivos para satisfacer el vicio y conforme pasaba el tiempo generaron tolerancia ante sus efectos, por lo que debían consumir mayores cantidades para no experimentar el síndrome de abstinencia.
Los políticos no saben qué hacer. Muchos tienen miedo a enfrentarse contra los grupos poderosos. Algunos han llamado a prohibir totalmente su actividad al público, iniciando una guerra sin cuartel o lanzando una agresiva cruzada para combatir estas sustancias, recomendándole a los niños que "digan no" cuando se las ofrezcan. Mientras que otros han llamado a regular a esta industria mediante programas educativos, una mayor carga impositiva para destinar los cuantiosos recursos a la prevención y atención de las enfermedades que desata.
Los principales responsables de frenar la situación y evitar que se salga de control son los propios ciudadanos. Porque es poco realista erradicar los alimentos chatarra o de alto contenido calórico y sería contraproducente tratar a los consumidores como zombies que pierden la capacidad de tomar sus propias decisiones. En lugar de prohibir las comidas insalubres, se debe enseñar a las personas a consumirlas de una forma segura, a identificar cuando tengan un problema y aconsejarlos sobre lugares donde pueden buscar ayuda especializada.
Y creo que deberíamos de hacer lo mismo con las drogas, con sus respectivas particularidades, claro.