La cura para el síndrome Fox


Ser presidente es un peso enorme para una sola persona. Eso dice Dulce María Sauri, quien propone reorganizar el Poder Ejecutivo, definir las habilidades mentales que debe tener el primer mandatario y legislar sobre ellas.

Cuando Dulce María Sauri Riancho vio el artículo publicado sobre Vicente Fox, dice que en su fuero interno exclamó: “Ay, nanita, de lo que nos salvamos, ya que (su sexenio) pudo haber sido mucho peor de lo que fue”.

En su edición anterior, Reporte Índigo informó que según psicólogos y psiquiatras del Vaticano, el ex presidente sufría de un “grave trastorno de personalidad”. Que era narcisista e histriónico (y/o histérico).

La ex líder del PRI dice que sintió mucha tristeza porque en la administración pasada hubo llamadas de alerta para conocer el estado mental de los mandatarios. Ello en virtud de que tienen en sus manos la conducción de delicadas tareas de Estado.

Ella misma propuso en marzo de 2006, cuando era senadora de la fracción parlamentaria del PRI, una iniciativa para reformar y adicionar la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

(Esta ley estaba)“fincada en el derecho a conocer el estado de salud de quienes presiden órganos unipersonales que, por su propia naturaleza de organismos constitucionales autónomos o de titular del Poder Ejecutivo, no pueden transferir funciones o responsabilidades a otros”.

Pero su iniciativa fue ignorada y hasta descalificada. Fue considerada como un ataque al presidente del país, no como una propuesta fundamentada en la necesidad de saber para poder confiar.

Y es que si un presidente de la república tiene problemas mentales, nadie lo puede relevar.

“Sólo lo tenemos que soportar, como aguantamos los seis años de gobierno del presidente Fox”, asegura quien también fue presidenta del PRI y gobernadora de Yucatán.

Se le comenta que de acuerdo con el estudio médico realizado por el Vaticano, Vicente Fox es un hombre que finge ser lo que no es, que es incapaz de ponerse en el lugar del otro y entender las necesidades de los demás, y tiene una forma trastornada de ver las cosas.

“Es muy posible. Para mí, lo que mejor describe esta situación médica es la frase coloquial de Fox: ‘¿Y yo por qué?’. Sencillamente porque, según él, no tenía por qué responsabilizarse de lo que sucedía en su entorno.

Un buen momento

Aunque la iniciativa para modificar la Ley de Transparencia está en la congeladora, Sauri Riancho cree que éste es un buen momento para revivirla y someterla a aprobación en la Cámara de
Senadores. El decreto que ella propuso establece que no podrá invocarse el carácter de “reservada” para la información referente a la salud física y/o mental de funcionarios con autoridad unipersonal, cuando dicha información sea requerida para determinar una posible afectación al correcto desempeño de un cargo.

En esta categoría se encuentran el presidente de la república, el gobernador del Banco de México, el presidente del IFE, el de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el procurador general de la república.

La iniciativa especifica que en estos casos, la solicitud deberá estar firmada por al menos el 33 por ciento de los integrantes de una de las Cámaras del Congreso de la Unión o de la Comisión Permanente. Asimismo, añade, no se recurrirá el consentimiento de los individuos para proporcionar sus datos personales.

Esta iniciativa se complementa con otra que también permanece en la congeladora legislativa. Esta última fue presentada en 2001 por el entonces diputado Ricardo García Cervantes. Abordaba la sucesión del presidente de la república en los casos de ausencia permanente, muerte o incapacidad irreversible.

En represalia, el gobierno de Fox designó a García Cervantes embajador de México en Costa Rica. “Es un tema que por cierto sigue sin definirse plenamente. Pero a él lo castigaron por andar hablando de esas cosas”, dice Dulce María Sauri.

- ¿Se sintió afectado el ex presidente? - Es como los que se ofenden si les preguntan si ya hicieron su testamento. No es que estén deseando que se mueran, sino que dejen todo ordenado por si eso sucede.

- ¿Es un ejemplo más de los problemas mentales del ex presidente? - Puede ser. Pero creo que le fue bien al hoy senador García Cervantes porque no lo mandaron a Timbuctú.

Un tema pendiente

El pasado 28 de noviembre, el senador perredista Ricardo Monreal anunció una iniciativa de ley para incorporar a la Constitución la obligación de que los aspirantes a cargos de representación ciudadana y popular presenten tres exámenes: de aptitudes, de salud física y de salud mental.

Esto en virtud de que Reporte Índigo dio a conocer la semana pasada el diagnóstico clínico de especialistas del Vaticano a Vicente Fox.

“Este diagnóstico es revelador de lo mucho que aconteció en el sexenio pasado y lo que seguimos padeciendo. “Lo que nos dice el Vaticano es que tuvimos durante seis años a un hombre con trastornos como presidente y no nos dimos cuenta. Tuvimos un megalómano como jefe de Estado y nadie lo contuvo. Es más, hay quienes todavía celebran a este señor”, aseguró Monreal.

Sin embargo, a Dulce María Sauri Riancho le preocupa que el senador Monreal pretenda que el examen se aplique a todos los cargos de elección. “Yo creo que en un sistema presidencial, el primer y más importante paso, el paso exclusivo diría, es sobre el presidente de la república”.

Hay organismos, como las cámaras de senadores y diputados, que no dependen de una sola persona porque son colegiados. “El día que tengamos un régimen semipresidencial, las cosas se pueden atemperar, pero en tanto sea unipersonal, yo creo que hay que centrar nuestra atención en la persona del presidente para que goce de la mejor salud física y mental posible. Y si no es así, para que sepamos qué le está pasando”, expresó Dulce María Sauri.

Recuerda que la exposición de motivos de su iniciativa de 2006 contenía elementos históricos de por qué era importante conocer el estado físico y mental de los mandatarios.

Para ella, el referente más cercano es el del ex presidente Adolfo López Mateos.

El caso fox

En el sexenio de Vicente Fox, el tema de su salud se convirtió no sólo en una preocupación para la opinión pública, sino para la gran mayoría de los actores del sistema político.
“¿Se acuerda de aquella intervención quirúrgica de Fox en la columna vertebral que tuvo en vísperas de la sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que iba a tratar el tema de la invasión a Irak?”, preguntó Sauri Riancho.

“Una semana estuvo incapacitado, pero lo más importante es que entró a la sala de operaciones para una operación larga, en que el país sencillamente, estando sentado en el Consejo de Seguridad, estuvo auténticamente a la buena de Dios”.

Por otro lado, periodistas y columnistas revelaron que Vicente Fox sufría de depresiones y que tomaba Prozac por prescripción médica.

Durante una entrevista para la cadena de TV Univision, el periodista Jorge Ramos preguntó a Fox si los mexicanos tenían “el derecho de preguntarle a usted si toma antidepresivos. ¿Es legítimo?”.

El ex presidente dijo que sí era legítimo. Entonces, el periodista cuestionó: “¿Toma usted Prozac?”.

A la contundente respuesta negativa del entonces primer mandatario de México, se sumó la súbita interrupción de la entrevista. Esto evidenció la molestia personal de Fox ante una pregunta que, lejos de ser impertinente, reflejaba la inquietud válida y legítima que surgió en los medios por la aparente relación que guardaban las versiones de una supuesta medicación antidepresiva de presidente y lo que algunos analistas reconocían como variaciones significativas en el estado de ánimo del primer mandatario.

La iniciativa de Sauri considera, por tanto,que existe un imperativo jurídico de que la autoridad depositada en órganos unipersonales sea efectiva y correctamente ejercida por la persona física designada al efecto. Dicha ley pondría énfasis en lo que está en riesgo si tal individuo ve su salud física o mental afectada a grado tal, que su desempeño pueda redundar en una deficiente conducción de las tareas que le han sido confiadas.

Incluso, en el caso de que la salud mental sea deficiente, puede aventurarse la posibilidad de que no haya una libre y real manifestación de voluntad por parte del servidor público, señaló la autora de la iniciativa. “Hacer caso omiso de este delicado asunto podría llevar a conculcar el ejercicio de la autoridad otorgada por el depositario de la soberanía, admitiendo que a la sombra de lagunas legales se tolere la apropiación ilegal de facultades por parte de persona o grupo de personas no elegidas o designadas de acuerdo a los procedimientos y requisitos marcados por el derecho, lo que podría reputarse, inclusive, como un golpe de Estado técnico”

Felipe Calderón, Sin problemas mentales

Dulce María Sauri Riancho considera que Felipe Calderón no parece tener trastorno mental alguno. “No, con sinceridad no. Creo que contrasta mucho con el ex presidente Fox en cuanto a la suavidad de su vida familiar.

Las formas suaves, sencillas, de la esposa del presidente, la discreción de los hijos. Se agradece mucho eso. “Los problemas del presidente de la república en estos momentos son distintos a lo que es la salud mental. Yo auténticamente deseo que tenga paz en su vida personal y familiar, para que pueda dedicar todas sus energías a hacer lo que haya que hacer en el país”.

Sin embargo, se le recuerda que en el libro “Si el Águila Hablara”, Miguel Alemán Velasco, quien fue alto ejecutivo de Televisa y gobernador de Veracruz, asegura que los presidentes mexicanos presentan drásticos cambios de personalidad durante su sexenio.

Sauri dice que, en efecto, la Presidencia es un peso enorme, desmesurado, para una sola persona. “Por eso hay que pensar en que el sistema político mexicano debe de reconsiderar su organización. Yo creo que debemos ir hacia un sistema semipresidencial en que toda la carga, todo el peso de la ejecución no radique en un solo individuo, que es el presidente de la república”.

- ¿Para que no terminen desquiciados? - Pues sí. Y la bronca no es que se desquicien, sino que nos desquicien a todos. - Toman decisiones que afectan a más de 100 millones de mexicanos.

- Por eso necesitamos presidentes fuertes mentalmente. La parte física no la veo tan necesaria, en la medida en que no padezcan algo que afecte sus facultades mentales. De nada nos serviría tener a un Charles Atlas en Los Pinos si sencillamente la parte mental no le funciona.

Fuente: Reporte Índigo.

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