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DEL BLOG "RESISTENCIA ESPIRITUAL"


ESPIRITUALIDAD AZTECA,
ESPIRITUALIDAD UNIVERSAL
(Parte 3)



“Y los dioses trasmutados conocen que sólo la alianza con tal figura, que su forma hace ver como símbolo del hombre, les otorgará en plenitud la facultad creadora.


(Y esto es impactante respecto al pensamiento azteca-mexicano-mesoamericano: no se desconoce ni se rechaza lo real-espiritual, lo divino, lo trascendente; pero tampoco hay alienación ni pérdida de la propia identidad “real-espiritual-divina-trascendente”. No. El indígena mexicano se reconoce parte del Todo y en unidad con el Todo. Más aún, el azteca-olmeca-tolteca se reconoce y se valora a sí mismo en “sus dioses”, y sabe, con orgullo y una enorme dignidad, que “sus dioses” sólo se reconocen y se valoran y pueden ser-crear plenamente por él, con él y en él... No. Nada de “salvajes rudimentarios”, nada de “fanáticos” e “ignorantes” a los que se ha lavado el cerebro... “Salvajes rudimentarios” nosotros y nuestro pensamiento lineal, corto de miras, simplificador-distorsionador de lo real, reduccionista, “científico”, extranjerizado)...


(...)



“Se revela, así, la presencia de un ser humano, poblado las coyunturas por ojos y bocas; con su propio rostro, o con otro integrado por la forma y la fuerza de dos cabezas de sierpe, las dos serpientes divinas que sólo por la intervención humana pueden poner en efecto sus poderes sin término.

Por ello, en la simbología azteca y mesoamericana existen pinturas y esculturas que representan la “dualidad”,


pero existe aún más en su plástica un elemento “tercero” o “trino”


que unifica y trasciende la “dualidad” (por lo que es un error y un juicio arbitrario considerar a estas culturas como “dualistas”)...


Más aún, existe un símbolo pictórico y escultórico, muy frecuente en las civilizaciones mesoamericanas, muy original y profundo, llamado “quincunce”


y que simboliza su percepción-reflexión sobre lo real como una “doble dualidad” unificada por un punto “quinto” en el centro de la “doble dualidad” (especialmente si está rodeado por un círculo)... La Coatlicue es una escultura llena de simbología “dual” trascendida en lo “trino”, pero es, sobre todo, como un inmenso “quincunce” lleno de significados físicos-metafísicos-espirituales-artísticos de altísima profundidad... La parte “oculta” de la Coatlicue, su base,

es un claro “quincunce” que revela y explica el sentido, la unidad y la verdad de toda la escultura... ¿Es un “dios”? ¿Una “diosa”? ¿Un ser humano? ¿Varón? ¿Mujer? ¿Es un ser animal? ¿Serpiente? ¿Ave? ¿Yo? ¿No yo? ¿Pasado? ¿Presente? ¿Futuro? ¿Unidad? ¿Dualidad? ¿Trinidad? ¿Multiplicidad?... El “quincunce” que al mismo tiempo se oculta y se revela responde: Sí y no, a cada pregunta. Sí a cada par y a cada conjunto de elementos. Sí y sí, a cada pregunta. Sí a lo que se percibe y se comprende, más allá de los elementos, separados o reunidos… No. Nada de “salvajes rudimentarios”, nada de “fanáticos” e “ignorantes”... “Salvajes rudimentarios” nosotros y nuestro pensamiento lineal, corto de miras, simplificador-distorsionador de lo real, reduccionista, “científico”, extranjerizado…


(...)


¡El “cuerpo trino dioses-hombre” es un “cuerpo unido”, tierra-cielo! ¡Un solo cuerpo! ¡No hay ya división ni separación como la había antes de este encuentro dioses-hombre!... No tendría sentido este relato “cosmogónico” si nuevamente quedaran “los dioses” arriba, en el cielo, y el hombre-los hombres abajo, en la tierra… No. Ha sucedido algo trascendente, algo vital, esperanzador y pleno de significado y de fuerza: ¡Los “dioses” –nuevos “dioses”- se han quedado en la tierra sin dejar de estar en “el cielo”, se han transmutado, se han encarnado, se han humillado (etimológicamente “hecho tierra”), se han humanizado (se han hecho uno con el hombre)! ¡El hombre-los hombres –nueva humanidad- han tomado triunfalmente posesión del “cielo” sin dejar de pertenecer a la tierra, se han transmutado, se han espiritualizado, se han divinizado!... ¿No es grandioso? ¿No es algo que se ve y se comprende, si realmente comprendes y miras?... No. Nada de “salvajes rudimentarios”, nada de “fanáticos” e “ignorantes”... “Salvajes rudimentarios” nosotros y nuestro pensamiento lineal, corto de miras, simplificador-distorsionador de lo real, reduccionista, “científico”, extranjerizado…

El maestro Rubén concluye esta parte, diciendo: “Y el universo queda creado”

Concuerdo con el riguroso análisis que hace el maestro Bonifaz Nuño, pero, basado en sus propias reflexiones y descubrimientos, y en lo que yo mismo veo-reflexiono-descubro al contemplar la Coatlicue, me parece que hay que ir aún más lejos: “¿El universo queda creado”?... Sí y no. Sí, por supuesto, y en ese sentido es correcto hablar de “cosmogonía” o reflexión sobre “el inicio” del universo y del ser y se pueden hacer analogías con el “big bang” –como hace Nuño- y otras analogías físicas y metafísicas. Pero también “no” en el sentido de una creación ya “hecha” y “terminada”. No dice eso la reflexión azteca y mesoamericana representada en su plástica… Nuestros antepasados no contemplaban la Coatlicue, admirados y reverentes, por algo que hubiese sucedido en el pasado y que allí se significara –por grande que esto fuera debido a la comprensión de su propia e imprescindible participación-. No. Contemplaban la Coatlicue, arrodillados, extasiados, porque les significaba algo grande que estaba sucediendo en ese preciso momento y algo grande que sucedería muy pronto y a lo que esa imagen-escultura les estaba invitando a participar: ¡La creación, aquí y ahora, del mundo, de su cultura y valores! ¡La esperanza en un Nuevo Mundo, en un Quinto Sol, más allá de las oscuridades y sufrimientos previos-durante-y posteriores a la invasión extranjera!...

¡Coatlicue-Tláloc-Yolotlicue-Tonantzin-Guadalupe son la misma imagen que, desde hace milenios y hasta el día de hoy, sigue enseñando, inspirando, invitando a luchar y a crear un Mundo Nuevo, a todos los corazones aztecas-olmecas-toltecas en nuestra patria y en nuestra América que no se han dejado alienar-extranjerizar-derrotar!... No. Por favor, ¡no! Nada de “salvajes rudimentarios”, nada de “fanáticos” e “ignorantes”... “Salvajes rudimentarios” nosotros y nuestro pensamiento lineal, corto de miras, simplificador-distorsionador de lo real, reduccionista, “científico”, extranjerizado…



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ESPIRITUALIDAD AZTECA 3



Álvaro, Diácono en Resistencia



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ESPIRITUALIDAD AZTECA,
ESPIRITUALIDAD UNIVERSAL
(Parte 2)


En su trabajo, el maestro Bonifaz Nuño denuncia a una mayoría de “estudiosos” que, sin fundamentos, desprecian y minimizan la sabiduría y la espiritualidad de los pueblos mesoamericanos:

“Sin embargo, cuando se trata de considerar la visión que ellos tenían de ese mundo y de sí mismos, los autores que lo hacen, casi unánimemente, los juzgan como salvajes rudimentarios, ocupados sólo en pensar la posibilidad de que la tierra fecundada por las lluvias les rindiera los frutos de que principalmente se alimentaban... Bajo el pretexto de que constituían comunidades agrícolas, se les reducen todas sus fuerzas espirituales, la totalidad de sus concepciones religiosas y metafísicas, a un primitivo afán de alimentación material que sería para ellos el núcleo y la periferia de su existencia... Salvo alguna excepción, en todos los autores se encuentra esta inexplicable oscuridad de juicio”...

El profesor Bonifaz Nuño, en su libro “Imagen de Tláloc”, demuestra sin duda esta sabiduría excepcional de los aztecas y, en conjunto, de todas las culturas mesoamericanas. Así resume él mismo todos sus hallazgos:

“En una relación de grandiosa simpleza, se expone la situación universal en un momento previo a la creación del cielo y la tierra; esto es, del mundo.

“Como en otras religiones fundamentales, hay una presencia divina agitándose sobre la superficie de aguas increadas. En esta relación, la presencia divina es doble; es decir, el dios se manifiesta desdoblado en sus dos principios contrarios, activo y pasivo, positivo y negativo, masculino y femenino, destinados a conciliarse en el momento definitivo.

Detengámonos aquí, por un momento, pues este texto y los que siguen son capitales para la comprensión de la Espiritualidad y la Filosofía aztecas. El maestro Nuño demuestra en su libro cómo, equivocadamente, muchos autores han interpretado lo anterior como un “dualismo” en la espiritualidad y filosofía aztecas, como una “lucha de contrarios”. Por eso señala: “Me parece que al hacerlo no se ha tomado en cuenta un punto esencial: que las fuerzas antagónicas, los principios contrarios, al chocar, al empeñar una lucha, no podrían provocar más que una de dos consecuencias: o se inmovilizarían entre sí, en caso de ser semejantes o equilibrados en sus poderes, o se destruirían uno al otro, en caso de contar con poderes desiguales: aquel que los tuviera mayores preponderaría, sin duda, sobre el otro, ocasionando su desaparición. En ambos casos, la posibilidad de creación de un fenómeno nuevo, quedaría definitivamente anulada. El mundo sería condenado a la inmovilidad o a la destrucción; ésta, en último extremo, otra forma de la inmovilidad... Como no puede admitirse en manera alguna la posibilidad de que esto ocurra, y acudiendo a los testimonios de la realidad, habrá que admitir que siempre que algo se produce o tiene origen, interviene, además de los principios que antagonizan entre sí, un tercer elemento que, fecundando y trasmutando a aquéllos, esto es al positivo y al negativo, al masculino y al femenino, hace posible que su enfrentamiento se convierta en alianza productora... Dicho tercer elemento, por necesidad, al mismo tiempo que no es ni uno ni otro de los dos primeros, ha de tener en sí algo de ellos y algo distinto a la vez, con lo cual ha de serle dado provocar su transmutación y su unión en la acción creadora... Sólo así puede cobrar sentido el encuentro de dos contrarios: con la intervención de un elemento neutro que constituya, juntándose con ellos, una tríada fecunda”...


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Álvaro, Diácono en Resistencia


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ESPIRITUALIDAD AZTECA,
ESPIRITUALIDAD UNIVERSAL

Como este tema pudiera parecer extraño, abstracto, “académico”, sin conexión con la vida y sus problemas concretos, o sin relación con nuestra Resistencia, permítanme comenzar por la conclusión que pondré al final de varias partes... Lo hago con la esperanza de que al adelantar los párrafos conclusivos despierte su interés por todo el tema y la obra que le da sustento:

La importancia de la reflexión e investigación del maestro Rubén Bonifaz Nuño –connotado académico de la Universidad Nacional Autónoma de México- es que de inmediato conduce, por la sabiduría analógica, a correlacionar sus hallazgos con otros semejantes en las áreas de la ciencia, de la filosofía, de la espiritualidad y del arte universales... Es inevitable que nos haga pensar en la cinta de Mobius, en el bing bang primordial, en las nociones físicas actuales del “universo plegado-desplegado” (Bohm), en la holografía, en el método analógico, en la tesis-antítesis-síntesis hegeliana, en las religiones y espiritualidades trinitarias, en el caduceo de la medicina, en la teoría neurológica trinitaria de Mac Lean, etc... Y es también inevitable que uno se llene de asombro, de admiración y de respeto por la sabiduría del ser humano en su conjunto reflejada en estos antepasados nuestros (aztecas y en general indígenas mesoamericanos)...

Si logramos disponer nuestro espíritu, seguramente experimentaremos, con toda claridad y fuerza, lo que Bonifaz Nuño dice experimentar cuando está frente a la Coatlicue (la imagen principal que analizaremos en este trabajo): “Nada hay en ella que pueda ser, para ojos limpios, horripilante o macabro. En ella todo es condensación de poderes, certeza de armonía futura... No creo, por lo demás, que haya nadie que se sustraiga a esa sensación de poder ‘tremendo’ que irradia de la imagen, a tal punto que puede decirse que ante ella no se está frente a la imagen de un dios, sino frente a la figuración de un poder” (Todas las citas, excepto cuando se señala otro origen, son de su libro Imagen de Tláloc)...

(...)

No puede evitarse, entonces, que, si se miran y se reflexionan con el ser profundo –y no sólo con los ojos, y menos con nuestros prejuicios- estas obras de la sabiduría-espiritualidad aztecas y mesoamericanas, tengamos que concluir, con los mexicanos que aún tienen un fuerte corazón azteca-olmeca-tolteca, y junto con Bonifaz Nuño, contrariamente a algunos autores a quienes él rebate con toda claridad y a muchos hombres y mujeres nacidos en México que desprecian la cultura mexicana: Tiene el hombre un papel esencial en el devenir universal. Pero en realidad, esta colaboración humana se sitúa por encima de una simple alianza en la batalla contra el mal... El hombre no es un simple aliado. Es el motor de la fuerza creadora del mundo. Esto es lo que representan, en este aspecto, las imágenes de Tláloc... El hombre central, y, junto a él, los contrarios divinos, que ya dejaron de oponerse y, junto con él, han constituido la tríada inicial de la cual todo ha de tener nacimiento... Nada se crea en el mundo sin la intervención del hombre; sin él, los dioses quedan inmóviles o en peligro de destruirse mutuamente; no hay necesidad trágica, sino gozosa y libre acción conjunta; no hay maldad: no puede haberla en el impulso que habrá de engendrar el mundo... Y si no hay maldad ni destino implacable ni insignificancia, no habrá posibilidad de que exista pesimismo... En todas las imágenes de Tláloc existe el reconocimiento de la estructura humanista del mundo. La voluntad, la idea, el sentimiento de respeto y veneración del hombre por sí mismo y su propia grandeza, por su dignidad, que se consuma al revelarse como fuente de la acción creadora de los principios divinos... Nada existiría si el hombre no existiera, nos dicen las imágenes de Tláloc; únicamente por obra de la presencia humana, adquieren los dioses la potestad de construir, ligándose con él, la realidad del mundo”...

¿Podría saberse-decirse-vivirse algo más grande en un pensamiento y en una cultura?


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Álvaro, Diácono en Resistencia


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