DEL BLOG "INFORMATIVO TRIPLE V"

LA DESOBEDIENCIA CIUDADANA ES HOY
UN DEBER DE CONCIENCIA (Parte 2)


Les invito a continuar nuestra reflexión sobre este tema, basada en el pensamiento y los hechos de Henry David Thoreau, quien, al analizar la situación que vivía su país, declara con fuerza y autoridad: “Ha llegado el tiempo de que los hombres honrados se rebelen y se subleven” (Del Deber de la Desobediencia Civil; las citas siguientes son de la misma obra)...

Por supuesto, Thoreau es muy consciente –y nosotros también- de que hablar de “rebelión” y “desobediencia” incomoda e incluso horroriza a muchos. A algunos porque tal “rebelión” vaya en contra de sus intereses: “En la práctica, quienes se oponen a una reforma... son... quienes están más interesados en el comercio que en el género humano y no están dispuestos a hacer justicia... cueste lo que cueste”... A otros por comodidad, indiferencia o incongruencia: “Estamos acostumbrados a decir que las masas no están preparadas, pero el progreso es lento porque la minoría no es mejor o más prudente que la mayoría. Lo más importante no es que una mayoría sea tan buena como usted, sino que exista cierta bondad absoluta en algún sitio para que sea levadura para la masa. Miles de personas que se oponen, en teoría a las injusticias, pero de hecho no hacen nada para acabar con ellas; miles que... se sientan con las manos en los bolsillos y dicen que no saben qué hacer, y no hacen nada... ¿Cuál es el valor de un hombre honrado y de un patriota hoy? Dudan y se lamentan y en ocasiones redactan escritos, pero no hacen nada serio, convincente y eficaz. Esperan, con la mejor disposición, a que otros remedien el mal para poder dejar de lamentarse. Como mucho, depositan un simple voto y hacen un leve signo de aprobación y una aclamación a la justicia al pasar a su lado. Por cada hombre virtuoso hay novecientos noventa y nueve que alardean de serlo”...

Por ello él insiste en que resistir, luchar por lo justo, rebelarse y desobedecer a un “gobierno” usurpador o corrupto, no es cuestión de esperar a ser “mayoría”: “Quizá deposito el voto que creo más acertado, pero no estoy realmente convencido de que eso deba prevalecer. Estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayoría. Su obligación, por tanto, nunca excede el nivel de lo conveniente. Aún votar por lo justo es no hacer nada por ello. Es tan sólo expresar débilmente el deseo de que la justicia debiera prevalecer. Un hombre prudente no dejará lo justo a merced del azar, ni deseará que prevalezca frente al poder de la mayoría. Hay muy poca virtud en la acción de las masas. Cuando la mayoría vote al fin por la abolición de la esclavitud – o cualquier otra injusticia o atrocidad semejante-, será porque le es indiferente la esclavitud o porque sea tan escasa que no merezca la pena mantenerla. Para entonces ellos serán los únicos esclavos. Sólo puede acelerar la abolición de la esclavitud –o cualquier otra injusticia o atrocidad semejante- el voto de aquel que afianza su propia libertad con ese sufragio”...

‘Es que no tengo tiempo’ –decimos-. ‘Es que tengo muchos quehaceres y necesidades’ –nos excusamos-. También Thoreau reflexiona para quienes no participan en la resistencia o en la desobediencia: “Por supuesto, no es un deber del hombre dedicarse a la erradicación del mal, por monstruoso que sea. Puede tener, como le es lícito, otras inquietudes entre manos. Pero sí es su deber, al menos, lavarse las manos para limpiar ese mal. Y si no se preocupa más del mal, que por lo menos, en la práctica, tampoco le dé su apoyo. Si me entrego a otros fines y consideraciones, antes de dedicarme a ellos debo, como mínimo, asegurarme de que no estoy pisando a otros hombres. Ante todo debo permitir que también los demás puedan realizar sus propósitos... Los que, sin estar de acuerdo con la naturaleza y las medidas de un gobierno, le entregan su lealtad y su apoyo... suelen ser el mayor obstáculo para su reforma”...

Y remata, con la gran autoridad moral que le daba su propia lucha, su resistencia y su “desobediencia ciudadana”: “¿Cómo puede estar satisfecho un hombre por el mero hecho de tener una opinión y quedarse tranquilo con ella? ¿Puede haber alguna satisfacción en ello, si su opinión es que está siendo ofendido? Si su vecino le estafa así sea un dólar, no queda satisfecho con saber que lo ha estafado, con decirlo, ni siquiera exigiéndole que le restituya lo que le pertenece; sino que inmediatamente usted toma medidas concretas para recuperarlo y se asegura que no lo vuelva a estafar jamás. La acción que surge de los principios, de la percepción y la realización de lo justo, cambia las cosas y las relaciones; es esencialmente revolucionaria y no concuerda en nada con el pasado. No sólo divide estados e iglesias, divide familias e inclusive divide al individuo, separando en él lo diabólico de lo divino... Existen leyes injustas: ¿nos contentaremos con obedecerlas, o intentaremos corregirlas y las obedeceremos hasta conseguirlo? ¿O las transgrediremos desde ahora mismo? Bajo un gobierno como el nuestro actualmente, muchos creen que deben esperar hasta convencer a la mayoría para cambiarlas. Creen que si opusieran resistencia el remedio sería peor que la enfermedad. Pero eso es culpa del propio gobierno. ¿Por qué no se ocupa de prever y procurar reformas? ¿Por qué no aprecia el valor de esa minoría prudente? ¿Por qué grita y se resiste antes de ser herido? ¿Por qué no anima a sus ciudadanos a estar alerta y señalar los errores para mejorar su acción? ¿Por qué tenemos siempre que crucificar a Cristo y excomulgar a Copérnico y a Lutero y declarar rebeldes a Washington y a Franklin?”...

Al finalizar esta segunda parte del tema, intentemos parafrasear a Thoreau mirando la situación particular de México: Bajo un “gobierno” como el nuestro actualmente, ¿hemos de esperar a convencer a la mayoría para resistir y luchar contra la injusticia y la desigualdad imperantes?... Si de verdad el Movimiento de Resistencia en México es de “minorías” –como se empeñan en insistir el poder y sus medios-, ¿por qué el “gobierno” no aprecia el valor de esa “minoría” prudente? ¿Por qué grita y se resiste antes de ser herido? ¿Por qué tenemos siempre que crucificar a Cristo y excomulgar a Hidalgo y declarar rebeldes a Juárez y a Zapata? ¿Por qué hoy descalificar y perseguir también a López Obrador y a los millones que buscamos un México más libre, justo y democrático?...

(Este tema continuará próximamente)


Álvaro, ciudadano de la IV República


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