Nueva York edita “manual para drogarse”
Por Erich Moncada SDP Noticias
06 de Enero, 2010 - 11:25
El documento generó furiosas críticas por parte de la comunidad prohibicionista
El Departamento de Salud del gobierno de la ciudad de Nueva York editó un manual de 16 páginas titulado Take charge, take care (“Toma el mando, toma el cuidado”) dirigido a la comunidad consumidora de drogas intravenosas. En ese estado mueren anualmente mil personas por sobredosis y sólo en 2006 los decesos por esta causa se colocaron como la cuarta causa de muerte en adultos después de las enfermedades cardiacas, el cáncer, el SIDA y hasta los homicidios (DPA, 2008).
El folleto, que tuvo un costo de 32 mil dólares y un tiraje de 70 mil ejemplares, contiene información indispensable para que los adictos minimicen los daños producidos por el consumo de sustancias inyectadas; un ejemplo claro de las políticas de reducción de daños.
Take charge cuenta con diez secciones ilustradas con consejos para evitar y atender casos de sobredosis, medidas de higiene para evitar infecciones y lesiones, así como métodos para desechar la parafernalia de los usuarios con seguridad. Incluye información para que los adictos se practiquen pruebas de detección periódicas de VIH y Hepatitis C y recursos para que reciban atención y tratamiento.
John Gilbride, de la Drug Enforcement Administration (DEA) en Nueva York, calificó a la publicación como “instrucciones paso a paso sobre cómo inyectar(se) veneno… me preocupa que la ciudad produzca una guía sobre cómo usar drogas” (9News, 4 de enero). El concejal de Queens, Peter Vallone, consideró que el manual “era un tremendo derroche de fondos de la ciudad y haré todo lo posible para detenerlo. Le envía a la juventud el mensaje: Inténtenlo” (New York Post, 3 de enero). Mientras que la encargada del combate a las drogas en la ciudad, Bridget Brennan, afirmó que “no queremos sugerir que inyectarse narcóticos sea algo seguro… no importa qué tanto se laven las manos o qué tan limpia esté la aguja, están poniendo veneno en sus venas” (New York Post, 3 de enero).
El Departamento de Salud defendió el manual por la necesidad de “promover la salud y salvar vidas con esta información”. Daliah Heller, asistente del comisionada del Buró de Alcohol y Prevención de Uso de Drogas, Cuidado y Tratamiento, dijo que “desde una perspectiva de salud sí hay una forma menos dañina de inyectarse” (New York Post, 3 de enero). Sin embargo, el panfleto fue retirado de la página de la dependencia y sólo puede encontrarse en algunas páginas como Flickr (http://www.flickr.com/photos/8258342@N08/sets/72157623153137244).
¿Quién tiene la razón? ¿Los que sugieren que es descabellado dar información porque se incentiva el consumo, o aquellos que reconocen que con o sin información las personas seguirán consumiendo sustancias ilícitas? ¿Y qué se debe hacer con quienes ya son consumidores? ¿Dejarlos a su suerte o protegerlos?
La principal consecuencia de la prohibición es que exacerba los daños causados por las drogas. Si los individuos no cuentan con la educación suficiente la muerte y los daños seguirán abultando las estadísticas. La sociedad y el gobierno terminarán pagando un precio más caro por no atender factores de riesgo fácilmente prevenibles, perpetuando el terrible estigma que deben llevar a cuestas los consumidores, en lugar de prolongar sus vidas con estrategias cuestionadas por los cruzados morales que prefieren ignorar el problema y resolverlo con las mismas políticas punitivas de siempre. En comparación con el mantenimiento de un costoso sistema carcelario, los programas de intercambio de jeringas son costo-efectivos, estimulan la relación entre los usuarios y el sistema de salud, evitan los contagios accidentales por pinchaduras del personal policiaco y la comunidad y no estimulan el consumo.
Nueva York ha sido ejemplar al reconocer los efectos contraproducentes de la prohibición y ha corregido sus errores. En abril del año pasado el gobernador David Paterson revocó la ley Rockefeller, que establecía prisión obligatoria y sentencias desproporcionadas a delincuentes menores acusados por delitos como posesión o venta de pequeñas dosis de drogas, equiparándolos con homicidas y en perjuicio de grupos raciales minoritarios. Actualmente se estudia la posibilidad de aprobar la “Ley del Buen Samaritano” que permitiría a las personas reportar emergencias médicas que no suelen ser reportadas por miedo a las detenciones. Hasta el año 2000 la tenencia de jeringas era considerada un delito grave y aunque cinco años después se modificó el código de salud para evitar los arrestos, las fuerzas policiacas siguen hostigando a los usuarios en las inmediaciones de las clínicas, intimidando a quienes intentan acercarse a buscar ayuda especializada. También desde 2005 se logró la despenalización de la posesión de naloxona o Narcan, un medicamento que puede salvar la vida de los consumidores que sufren sobredosis de heroína u otros opiáceos.
La prohibición le apuesta a la ignorancia y la desinformación al decirle a las personas que “sólo digan no” y asustándolas con datos exagerados. La reducción de daños, en comparación, no se opone a la abstinencia, pero le sugiere a quienes deciden ser consumidores “sólo digan saber”. Su salud es primero.
06 de Enero, 2010 - 11:25
El documento generó furiosas críticas por parte de la comunidad prohibicionista
El Departamento de Salud del gobierno de la ciudad de Nueva York editó un manual de 16 páginas titulado Take charge, take care (“Toma el mando, toma el cuidado”) dirigido a la comunidad consumidora de drogas intravenosas. En ese estado mueren anualmente mil personas por sobredosis y sólo en 2006 los decesos por esta causa se colocaron como la cuarta causa de muerte en adultos después de las enfermedades cardiacas, el cáncer, el SIDA y hasta los homicidios (DPA, 2008).
Take charge cuenta con diez secciones ilustradas con consejos para evitar y atender casos de sobredosis, medidas de higiene para evitar infecciones y lesiones, así como métodos para desechar la parafernalia de los usuarios con seguridad. Incluye información para que los adictos se practiquen pruebas de detección periódicas de VIH y Hepatitis C y recursos para que reciban atención y tratamiento.
John Gilbride, de la Drug Enforcement Administration (DEA) en Nueva York, calificó a la publicación como “instrucciones paso a paso sobre cómo inyectar(se) veneno… me preocupa que la ciudad produzca una guía sobre cómo usar drogas” (9News, 4 de enero). El concejal de Queens, Peter Vallone, consideró que el manual “era un tremendo derroche de fondos de la ciudad y haré todo lo posible para detenerlo. Le envía a la juventud el mensaje: Inténtenlo” (New York Post, 3 de enero). Mientras que la encargada del combate a las drogas en la ciudad, Bridget Brennan, afirmó que “no queremos sugerir que inyectarse narcóticos sea algo seguro… no importa qué tanto se laven las manos o qué tan limpia esté la aguja, están poniendo veneno en sus venas” (New York Post, 3 de enero).
El Departamento de Salud defendió el manual por la necesidad de “promover la salud y salvar vidas con esta información”. Daliah Heller, asistente del comisionada del Buró de Alcohol y Prevención de Uso de Drogas, Cuidado y Tratamiento, dijo que “desde una perspectiva de salud sí hay una forma menos dañina de inyectarse” (New York Post, 3 de enero). Sin embargo, el panfleto fue retirado de la página de la dependencia y sólo puede encontrarse en algunas páginas como Flickr (http://www.flickr.com/photos/8258342@N08/sets/72157623153137244).
¿Quién tiene la razón? ¿Los que sugieren que es descabellado dar información porque se incentiva el consumo, o aquellos que reconocen que con o sin información las personas seguirán consumiendo sustancias ilícitas? ¿Y qué se debe hacer con quienes ya son consumidores? ¿Dejarlos a su suerte o protegerlos?
La principal consecuencia de la prohibición es que exacerba los daños causados por las drogas. Si los individuos no cuentan con la educación suficiente la muerte y los daños seguirán abultando las estadísticas. La sociedad y el gobierno terminarán pagando un precio más caro por no atender factores de riesgo fácilmente prevenibles, perpetuando el terrible estigma que deben llevar a cuestas los consumidores, en lugar de prolongar sus vidas con estrategias cuestionadas por los cruzados morales que prefieren ignorar el problema y resolverlo con las mismas políticas punitivas de siempre. En comparación con el mantenimiento de un costoso sistema carcelario, los programas de intercambio de jeringas son costo-efectivos, estimulan la relación entre los usuarios y el sistema de salud, evitan los contagios accidentales por pinchaduras del personal policiaco y la comunidad y no estimulan el consumo.
Nueva York ha sido ejemplar al reconocer los efectos contraproducentes de la prohibición y ha corregido sus errores. En abril del año pasado el gobernador David Paterson revocó la ley Rockefeller, que establecía prisión obligatoria y sentencias desproporcionadas a delincuentes menores acusados por delitos como posesión o venta de pequeñas dosis de drogas, equiparándolos con homicidas y en perjuicio de grupos raciales minoritarios. Actualmente se estudia la posibilidad de aprobar la “Ley del Buen Samaritano” que permitiría a las personas reportar emergencias médicas que no suelen ser reportadas por miedo a las detenciones. Hasta el año 2000 la tenencia de jeringas era considerada un delito grave y aunque cinco años después se modificó el código de salud para evitar los arrestos, las fuerzas policiacas siguen hostigando a los usuarios en las inmediaciones de las clínicas, intimidando a quienes intentan acercarse a buscar ayuda especializada. También desde 2005 se logró la despenalización de la posesión de naloxona o Narcan, un medicamento que puede salvar la vida de los consumidores que sufren sobredosis de heroína u otros opiáceos.
La prohibición le apuesta a la ignorancia y la desinformación al decirle a las personas que “sólo digan no” y asustándolas con datos exagerados. La reducción de daños, en comparación, no se opone a la abstinencia, pero le sugiere a quienes deciden ser consumidores “sólo digan saber”. Su salud es primero.
Hora:
11:46 a.m.
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El Renacimiento de México

Por el bien de todos primero los pobres
El Estado de Bienestar, es el punto 9 del decálogo para el Nuevo Proyecto Alternativo de Nación, que el Presidente Legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, dio a conocer el pasado 22 de noviembre.
El Estado de Bienestar, es una serie de condiciones materiales, sociales y culturales mínimas que todo ser humano debe tener, por el sólo hecho de existir. Ejemplo de estas condiciones son: la pensión universal para los adultos mayores, la educación pública y gratuita, el derecho a la información, la salud, la vivienda e incluso el derecho a la recreación.
Los oligarcas ven al Estado de Bienestar como una política clientelar, populista, estatista, incluso comunista. Sin embargo, no ven que esta política está más allá de ideologías político – económicas, ya que se ha implementado en países que nada tienen de comunistas, incluso se hallan gobernados por partidos de derecha (España) e incluso mantienen todavía una monarquía como forma de gobierno (Suecia).
Es obvio que el efecto de crear y mantener un Estado de Bienestar, conlleva armonía y paz social, garantizando una sociedad estable y con igualdad de oportunidades. Es sin duda la mejor manera de combatir la inseguridad pública, ya que se evita que la población caiga en conductas antisociales y delictivas, derivadas de la injusticia y el resentimiento.
Por el contrario, el actual modelo económico neoliberal de los oligarcas, es clasista y por lo tanto discriminatorio, provocando resentimiento social que desemboca en una creciente hostilidad de las clases marginadas en contra del resto de la población, en consecuencia viene el enfrentamiento entre la sociedad misma que puede derivar incluso en una guerra civil.
El argumento de los economistas de la oligarquía contra el Estado de Bienestar, es que se trata de transferencias de dinero público al vacio, equiparándolo con un acto de caridad que no retribuye ningún beneficio medible como la inflación o las tasas de interés, además de que eventualmente, el costo de los subsidios del Estado de Bienestar, termina por llevar al Estado Nacional a la bancarrota. Normalmente, recurren al viejo proverbio de que no hay que darle al pueblo pescados, sino enseñarle a pescar.
Sin embargo, lo que no dicen estos economistas neoliberales es que actualmente no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, el actual modelo económico ha llevado a los Estados Nacionales a subsidiar a las instituciones financieras privadas, socializando las pérdidas económicas de una crisis provocada por unos cuantos.
Tampoco señalan que el actual sistema monetario es el factor principal que genera la inflación, ya que el dinero emitido por los bancos centrales en todo el mundo, conlleva a la par la creación de deuda pública, vulgarmente diríamos, se saca tierra de un hoyo para tapar otro.
Lo que tampoco quieren ver, es que el neoliberalismo al generar pobreza a gran escala, afecta negativamente el consumo de bienes y servicios, por lo tanto, se está matando a la gallina de los huevos de oro.
Como puede observarse, la frase utilizada por el Presidente Legítimo de México, desde el 2006: Por el bien de todos, primero los pobres, resume la estrategia a seguir en materia de derechos económico – sociales, de las fuerzas progresistas de nuestra nación.
L.D. Jesús A. Palma M
Ciudad de México, Sede del Gobierno Legítimo de México, a 4 de enero de 2010.
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