Las “Guerritas” de Fecal


Ni en los tiempos más álgidos de autoritarismo priísta vividos por nuestro país, se había exaltado, como ahora, el rol que representa en el gobierno de ultraderecha las fuerzas armadas mexicanas; más allá de la función constitucional que representan estas fuerzas en la salvaguarda de nuestra soberanía, no pasa por alto el papel discreto, de bajo perfil que desempeñaron en los casi setenta años de gobiernos priístas, a excepción de su ominosa intervención en el movimiento de 1968 y otros casos bien identificados, inclusive en ese mismo tenor se desarrollaron las cosas en el gobierno foxista, de ahí que ahora llama la atención que el gobierno espurio en forma inmoderada le confiera a la milicia un papel preponderante en la vida política nacional, además de buscar a toda costa congraciarse con dicho sector a través de aumentos salariales y demás prestaciones laborales, que contrastan con los exiguos aumentos salariales al resto de la clase trabajadora, está la desmedida propaganda oficialista adulando impúdicamente a las fuerzas armadas, recalcando a cada segundo que nacen del pueblo y se identifican con él.

La actitud asumida por el presidente espurio, no tiene otro objetivo que es el de buscar a través de las fuerzas armadas una legitimidad de la cual carece, debería saber el presidente espurio que mas allá de que su actuación encuentre cobijo en las formalidades legales, éstas se nutren y se sustentan en valores de índole ético los cuales se conquistan a través de una elección justa, equitativa y transparente, de ahí que por mas que cuente con toda la parafernalia burocrática, no dejará de ser un remedo de presidente de la república carente de autoridad moral, sino conquistó en las urnas su legitimidad. Ésta, es decir la legitimidad en un sistema de gobierno que se precie de democrático, no tiene otro sustento mas que en la voluntad mayoritaria de los ciudadanos que comparecieron a las urnas, la legitimidad no se transige, ni se negocia, no se compra, no se adquiere con tanquetas, ni vistiéndose con uniforme verde olivo, la legitimidad no es ostentación de fuerza, es discreción y humildad republicana, la legitimidad no se sustenta en la frívola publicidad sino en la silenciosa aceptación ciudadana, la legitimidad no es simulación es convicción que nace de las entrañas mismas de la voluntad del pueblo, la legitimidad no requiere para el ejercicio del poder de mas armas, que aquellas que se obtienen del respaldo popular, la legitimidad no es forma, es sustancia, es la savia que se nutre de la voluntad mayoritaria.

Los operativos militares implementados en varios estado de la República, son medidas que no atacan frontalmente a ese flagelo social, son medidas anunciadas de carácter propagandístico encaminadas mas que nada a crear una percepción en la sociedad de que se está enfrentando con toda la fuerza del estado al crimen organizado, no es con golpes mediáticos como se enfrenta a la delincuencia, eso es mercadotecnia política que de suyo resulta abominable, ante una cuestión de que merece toda la seriedad y atención. Si de verdad quiere atacarse la inseguridad, mas que anuncios publicitados de futuros operativos, esperamos la actuación decidida de inteligencia militar y financiera que lleguen a las raíces mismas del problema y lo enfrenten desde sus orígenes. Esto sin embargo, es mucho pedir a un gobierno usurpador, que está más preocupado en afianzarse en la silla que en atender con seriedad los problemas nacionales.

Es común en gobiernos débiles o ilegítimos en focalizar un enemigo externo, lo exhiben, lo publicitan, lo exageran y en su entorno crean un ambiente de miedo, concientes que la sociedad ante ello habrá de unirse en torno a su gobierno, en el caso particular de nuestro país, es evidente que el gobierno usurpador está utilizando los mecanismos mediáticos para crear zozobra social, ante un peligro, que si bien existe, a él le interesa sobredimensionarlo, buscando a toda costa, así sea mediante el engaño contar con el respaldo popular. Lo anterior, además de ilegal resulta inmoral, utilizar al ejército en tamaño entramado circense.

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